Barrio La Fragua: vivienda social y autoconstrucción dirigida

Barrio La Fragua Bogota

Barrio La Fragua: vivienda social y autoconstrucción dirigida

El barrio La Fragua de Bogotá es un proyecto de vivienda social del Arquitecto colombiano Germán Samper Gnecco (1924-2019) y su esposa Yolanda Martínez, como promotora. El proyecto del Barrio La Fragua triunfa de inmediato nacional e internacionalmente, y su metodología se imita en iniciativas similares por todo el mundo.

Ventajas de la autoconstrucción dirigida

  • Ubicación: calle 17 con carrera 30.
  • Arquitecto: Germán Samper.
  • Promotora: Yolanda Martínez de Samper.

Barrio La Fragua se construye a finales de los años 50 y principios de los 60 según en el método de autoconstrucción dirigida. Se busca ofrecer a familias en dificultades económicas una posibilidad de acceso a la vivienda a pesar de la precariedad de sus recursos. Para optimizar costes, la mano de obra para edificar las casas son las mismas personas que las habitarán una vez terminadas.

Con el fin de garantizar los estándares de calidad del producto final, los vecinos contaron con la supervisión puntual de obreros especializados, y el CINVA (Centro Interamericano de Vivienda) ofreció una capacitación en construcción a los vecinos con el fin de mejorar sus habilidades para encarar las obras.

  • La primera fase del Barrio La Fragua se construye entre 1959 y 1961, con la ayuda del ITC (Instituto de Crédito Territorial) Instituto de Crédito Territorial y un aporte de 25 millones por parte de Colsubsidio.
  • La segunda fase, con las últimas 42 casas, se ejecuta en 1962 con la iniciativa de varias empresas de arquitectos y la financiación del Programa de la Alianza para el Progreso del Presidente Kennedy.

Características del proyecto

En 1958 el ICT designa dos manzanas de 20 lotes de capacidad para desarrollar un proyecto de vivienda. El predio original consta de dos manzanas atravesadas por una calle, y Germán Samper mejora la distribución al eliminar del proyecto esa calle divisoria y replantear sobre el terreno un conjunto de casas con senderos peatonales y plazas interiores.

La prevalencia de las casas sobre las calles constituye una novedad para la época. Gracias a esta composición, el arquitecto incrementa la densidad de viviendas en las parcelas disponibles: de las 42 unidades, pasa a las 94 casas individuales con dos entradas independientes. A partir de ese momento, hasta el día de hoy, esta distribución se conoce, como vivienda baja de alta densidad.

El trazado que plantea Samper mezcla los conceptos de manzana de casas de la época colonial, y la manzana del urbanismo moderno. En la manzana colonial, las casa paramentan las calles y, en la manzana moderna, las viviendas soletas en el predio crean los espacios internos, tipo patio comunal.

Germán Samper, consciente de la mínima capacitación de la mano de obra, planifica diseños simples y claros para facilitar la construcción. Cabe reseñar que los vecinos contaron con la ayuda de empresas privadas que prestaron para la ocasión obreros cualificados y maquinaria.

El cuarto de atrás, un espacio polivalente

Cada unidad del proyecto original estaba compuesta por un solo piso con tres cuartos pequeños, cocina, baño y salón comedor. La altura de la cubierta de dos aguas se plantea para que los habitantes construyan con posterioridad un altillo si lo necesitaban.

Otra innovación del proyecto es el concepto de “cuarto de atrás”. La idea consiste en edificar dos bloques en el lote, cada uno con su propio acceso: el primero, el “cuarto de atrás”, se diseña para una construcción rápida. Al ser habitable en un corto periodo de tiempo, la gente puede mudarse y utilizarlo, como hogar mientras finalizan el resto de la casa. El destino definitivo de la habitación independiente es el de taller, tienda u otro negocio destinado a sostener la economía familiar.

Con una mentalidad de solidaridad y esfuerzo, los habitantes organizaron en 11 “cuartos de atrás” una escuela de primaria provisional para 850 alumnos mientras demoró la construcción del colegio del barrio. El proyecto de La Fragua se beneficia desde el principio de una participación entusiasta por parte de los implicados, que lograron construir un salón comunal, entre otras instalaciones.

Conclusión: impacto social del Barrio La Fragua

La idea del Barrio La Fragua aportó a un grupo de familias las herramientas necesarias para salir de la pobreza y labrar su propio destino. 50 años después, el tiempo da la razón a quienes inspiraron esta aventura, y cada familia del barrio progresa de generación en generación. En general, los primeros habitantes se encuadraban en la categoría de oficios especializados, la segunda generación pudo cursar primaria y secundaria en la escuela del barrio, y en la tercera (los nietos de los primeros vecinos) ya cursan estudios universitarios.

Con el paso del tiempo, las casas sufren obras y modificaciones, e incluso existen en la Fragua viviendas de hasta tres plantas. Cuando llega el progreso social, las familias venden sus casas y se mudan a otros barrios y ciudades. En 2020 sólo quedan 19 familias originales de la primera promoción, satisfechos de vivir allí durante el último medio siglo, y que aún recuerdan su slogan de grupo: “Esfuerzo propio y ayuda mutua”.