Campus UTEC en Lima, de Grafton Architects

campus UTEC de Lima

Campus UTEC en Lima, de Grafton Architects

La ejecución del Campus UTEC de Lima por las arquitectas Yvonne Farrell y Shelley McNamara

El campus UTEC de Lima, de Grafton Architects, fusiona los conceptos de una arquitectura que aporta valor a la sociedad y la adaptación de los edificios al entorno.

En 2011, el Grupo Hochschild organiza un concurso internacional para el campus de la Universidad de Ingeniería y Tecnología (UTEC). Tras analizar 200 propuestas anónimas, gana el proyecto del estudio irlandés Grafton, fundado en 1978 por las arquitectas Yvonne Farrell y Shelley McNamara.

Grafton Architects posee experiencia en arquitectura civil y construcción de centros educativos, como la Universidad Comercial Luigi Bocconi de Milán, de cuyo diseño resulta deudor el proyecto limeño.

Concepto del diseño del campus UTEC

Las soluciones de diseño que incorpora Grafton son el resultado de las dimensiones del predio y su orografía, ligeramente elevada, que ofrece vistas a través de laderas que se extienden hasta el mar.

El terreno de campus limita con una autopista hundida en un barranco curvo de escasa profundidad. Al suroeste, queda el Museo de Arte Moderno de Lima y su zona verde. En la franja occidental, un puente cruza el barranco y desemboca en la entrada sur de la autopista. La zona trasera del predio se orienta hacia el tranquilo barrio de clase media de Barranco de Lima.

Lima posee un clima único: a menos de 1.400 km del ecuador y enfriada por la Corriente de Humboldt. Las arquitectas de Grafton se adaptan a las limitaciones espaciales y diseñan un nuevo barranco, artificial, con el volumen vertical de un edificio brutalista que actúa como pantalla hacia la autopista. El perfil escalonado del edificio protege las aulas del sol y, a la vez, ofrece terrazas y espacios de circulación externos, para que estudiantes y profesores disfruten del templado clima limeño.

Estructura y distribución del campus UTEC

La ejecución del campus UTEC de Lima corre a cargo de la empresa peruana Graña y Montero (GyM), y la primera sección se inaugura en 2015. El edificio consta de 10 pisos y zonas ajardinadas en los niveles 6º y 9º. La fachada norte, encarada hacia el Malecón Armendáriz, presenta la forma de un acantilado vertical.

La cara sur del campus, hacia el barrio de Barranco, se escalona en jardines para integrarse en la arquitectura del vecindario, donde predominan casas de dos plantas. Los pisos superiores llegan a la calle mediante una serie de terrazas que permiten la circulación peatonal. La profusión de ventanas, brise-soleil y vanos en los bordes escalonados mitigan las densas proporciones del edificio.

El edificio consta de una serie de placas estructurales de concreto armado con sección en “A”. En ese lado norte, los puntales se abren en abanico hacia el borde curvo del terreno. Descansan sobre una losa horizontal continua, que proporciona un andamio formal para exhibir los componentes estructurales.

La compleja interacción entre los elementos estructurales y funcionales del campus UTEC genera una atractiva atmósfera interior. Desde el vestíbulo principal, una sucesión de espacios, los balcones y escaleras parecen suspendidos entre una variedad de vigas de diferentes longitudes y espesores.

Respecto a la distribución del campus UTEC de Lima, en los pisos inferiores se agrupan las dependencias de mayor tamaño, como laboratorios y salas de conferencias, y los pisos superiores sirven para las aulas, despachos y habitaciones de menor superficie.

La distribución consigue un doble objetivo: facilita ubicar jardines en los tejados de las dependencias inferiores y Los pisos, apilados, se inclinan hacia el norte para conformar una especie de recinto en voladizo, resguardado del sol directo, que facilita el tránsito de personas en una zona sombreada.

Reconocimiento a una carrera

Antes de optar por el formato de concurso abierto para adjudicar el campus UTEC de Lima, el Grupo Hochschild sopesa la contratación de un arquitecto a nivel de Premio Pritzker. Años después, en 2020, las autoras del proyecto, Yvonne Farrell y Shelley McNamara, obtienen la Medalla de Oro del RIBA y el premio Pritzker por su carrera, circunstancia que demuestra con posterioridad que, aunque en 2011 aún no tenían el galardón, sí poseían nivel suficiente para afrontar el proyecto.